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20-01-2018

 

Justicia y espectros de la barbarie en la ex-Yugoslavia

 

SURda

Opinión

Yugoslavia

José Ángel Ruiz Jiménez



El pasado año 2017 ha cerrado el círculo de uno de los episodios más oscuros de la historia europea post-Guerra Fría, las guerras de los Balcanes, con las últimas sesiones del Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY): la condena a cadena perpetua al general Ratko Mladic, y el espectacular suicidio ante los jueces del comandante Slobodan Praljak, que fue retrasmitido en las pantallas de todo el mundo. Conversamos al respecto con José Ángel Ruiz Jiménez, profesor titular en el Departamento de Historia Contemporánea y miembro del IPAZ de la Universidad de Granada, autor de dos libros sobre el tema: Balcanes, la herida abierta de Europa (2010); Y llegó la Barbarie . Nacionalismo y juegos de poder en la destrucción de Yugoslavia (2016). La entrevista la realizó Ismael Cortés de la Universidad Jaume I.

Praljak fue el último condenado por el TPIY. El 29 de noviembre se hizo viral el momento en el que tomó un veneno que acabó con su vida, justo después de escuchar que se confirmaba su sentencia a 20 años de prisión, mientras gritaba que no era un criminal de guerra. ¿Cómo se ha vivido en Croacia su condena?

Se trataba de un personaje al que el nacionalismo condujo a una espiral asesina que él mismo fue incapaz de reconocer. El documental de la BBC, Unfinished business, War in Mostar (1993) muestra crudamente la barbarie que llevaron a cabo las fuerzas de Praljak contra aquella ciudad. Era una persona muy culta, con grandes conocimientos de psicología y filosofía, empresario, escritor, director de cine y teatro. Durante todo el proceso judicial, Praljak experimentó un enorme sentimiento de incomprensión, pues consideraba que solo había cumplido con su deber; de hecho, se entregó voluntariamente al TPIY. Él era de Bosnia-Herzegovina (BiH), de la zona croata del país y, como comandante del ejército del Consejo Croata de Defensa (HVO), se sintió responsable de salvar a su nación del gobierno bosnio musulmán. Terminó sintiendo que había hecho el trabajo duro, sucio y peligroso que exigía la patria, y se creyó abandonado cuando se le juzgó como criminal por esos mismos hechos, sintiéndose un chivo expiatorio del sistema. El suicidio de Praljak dio lugar a un respetuoso minuto de silencio en el Parlamento de Zagreb, así como a innumerables actos de sentido homenaje popular en calles y plazas, desde la capital croata hasta Mostar en BiH. De hecho, en Croacia y en la Herzegovina croata están convencidos de que su suicidio es la prueba irrefutable de su inocencia. Este trágico último acto del Tribunal, tras el que se corrió un telón, pareció simbolizar que el TPIY no había sido más que un gran teatro. Un efecto de la ritualidad mediática que han alcanzado la guerra y la política en nuestros días.

Precisamente, el impacto mediático del suicidio de Praljak ha relegado a un segundo plano la condena a cadena perpetua de Mladic, que llegó a ser el criminal de guerra más buscado junto a Bin Laden, acusado del asedio a Sarajevo y la masacre de Srebrenica. Cuando leemos acerca de aquellos hechos, nos cuesta imaginar al responsable de la ejecución a sangre fría de 8.300 personas. ¿Qué clase de persona es Ratko Mladic?

Se formó como militar del Ejército Popular Yugoslavo (JNA), bajo el principio yugoslavista de Hermandad y Unidad . La suya es una historia de progresiva deshumanización personal, que fue trágicamente en paralelo a la degradación de los valores unitarios del país. Se trata de un perfecto ejemplo de hasta dónde pueden llevarnos individual y socialmente las emociones corrosivas que describe el psicobiólogo Ignacio Morgado. El descenso moral de Mladic fue el de toda una causa, la yugoslava, que fue derivando primero en nacionalismo serbio victimista, y luego en acciones tan brutales como el inmisericorde bombardeo de Sarajevo, limpiezas étnicas y masacres de civiles.

Mladic aparece como personaje público en la guerra de Croacia de 1991, siendo ya coronel del JNA. Su carisma, su poderoso físico y su determinación le hicieron muy popular. Más tarde, tras la independencia de BiH de Yugoslavia, se incorporó como general al mando del recién creado ejército de la República Serbia de Bosnia (VRS), que había realizado un referéndum para independizarse a su vez de BiH. Su ciego compromiso con la causa nacional serbo-bosnia le llevó a creerse en una misión de gran responsabilidad histórica hacia el pueblo serbio, que bajo su visión había sido esclavizado por los musulmanes, durante cinco siglos, y que ahora se negaba a someterse de nuevo a un gobierno islámico. Los políticos y colegas que lo habían conocido antes del conflicto coincidían en que era una persona muy respetada, pero que tras cuatro años de guerra había perdido el contacto con la realidad. A la altura de 1995, al igual que su país, Mladic había sido consumido por el odio.

Aún hay un sector de la población serbia que ve a Mladic como un héroe. ¿Cómo puede considerarse un héroe al peor carnicero de las guerras de los Balcanes?

Pese a que pueden verse camisetas con su rostro en algunos puestos callejeros de souvenirs serbios, es considerado un héroe por muy pocos. Cuando Mladic fue detenido, los medios internacionales acudieron a Belgrado ansiando la foto de una rabiosa multitud partidaria del general serbio. Sólo encontraron un puñado de radicales nacionalistas desorganizados. Mientras, esa misma mañana cientos de jóvenes recorrían despreocupadamente las exposiciones, puestos de comida y conciertos del festival Mikser junto al Danubio, entre la luz, la alegría y el bullicio característicos de la ciudad en primavera. Quedan lejos los días en que se negaba la masacre de Srebrenica. Por el contrario, en la Republika Srpska, región serbia de Bosnia-Herzegovina, los afectos a Mladic son más numerosos; aquí se cree que si hoy gozan de autonomía respecto a Sarajevo es gracias a Mladic. Su reputación de encabezar combates con arrojo, dormir en el suelo en campaña y estar dispuesto a todo con tal de salvar a la nación serbia de un gobierno musulmán, unida a una historia oficial local que ensalza al VSR como noble defensor de los serbios frente a la agresión musulmana apoyada por la comunidad internacional, explican que allí se nieguen, oculten o justifiquen los crímenes que se le imputan.

En la opinión pública serbia hay un cierto grado de escepticismo hacia el TPIY. ¿Cuáles son los motivos?

Consideran arbitrario que el Tribunal haya impuesto un agregado de condenas de doce siglos a los reos serbios, mientras que todas las sentencias a croatas, bosniacos y albaneses suman dos. Además, existe la conciencia de que si bien Mladic y Karadzic fueron responsables de la muerte de miles de civiles, convirtiéndose en criminales conocidos en todo el mundo, sus pares bosniacos, croatas y albano-kosovares han recibido un trato mucho más amable. Por ejemplo, el caso del bosniaco Naser Oric, responsable de la destrucción de decenas de aldeas serbias; el caso del croata Ante Gotovina, al mando de la limpieza étnica de Krajina; o el caso de los líderes albaneses Ramush Haradinaj y Hashim Thaçi, actuales Primer Ministro y Presidente de Kosovo, acusados de fundar y liderar el ejército paramilitar UÇK, responsable de la muerte de miles de ciudadanos serbios. Debido a estos y otros ejemplos, en Serbia existe el sentimiento de que la comunidad internacional ha sido implacable con los criminales serbios, mientras que ha sido mucho más blanda con el resto de bandos.

El pasado 31 de diciembre, el TPIY cesó su funcionamiento para transformarse en un centro de documentación sobre las guerras de los Balcanes. ¿Qué oportunidades abre esta nueva fase en la lucha contra la impunidad?

Sin duda, el TPIY ha marcado un antes y un después en el Derecho Internacional, abriendo enormes posibilidades. Recordemos que cuando la ONU creó el TPIY, en 1993, no contaba con salas, normativa… ¡ni siquiera con togas! El proyecto de procesar internacionalmente a individuos responsables de crímenes de guerra estaba congelado desde los juicios de Núremberg y Tokio de 1945-46. No obstante, el TPIY se convirtió en el catalizador que hizo posible una normativa universal al respecto, el Estatuto de Roma de 1998, y un organismo capaz de  implementarlo, el Tribunal Penal Internacional, en funcionamiento desde 2002. Además, ha hecho que líderes políticos y militares de todo el mundo sepan que ya no existe la impunidad de antaño, así como que la opinión pública tenga la expectativa  de que los criminales sean procesados. Por otra parte, el Tribunal también ha mostrado debilidades a mejorar, por ejemplo, el que los procesos se prolongaran por un cuarto de siglo ha supuesto un permanente recordatorio de las violencias de los años 90, que ha impedido pasar página en los Balcanes, y lo polémico de varias sentencias o de la falta de ellas ha beneficiado el discurso victimista de los diferentes proyectos nacionalistas. El TPIY también ha evidenciado que la justicia no genera por sí sola la reconciliación y la convivencia, por el contrario, a veces contribuye a enquistar tensiones. Los desafíos más inmediatos son enriquecer la acción de la justicia con iniciativas de verdad y memoria, como la apertura del centro de documentación, y protegerlo de interferencias políticas; y más aún, integrar a los países que aún no reconocen el TPI, entre los que destacan países tan importantes en política global como EEUU, China, Rusia, India e Israel.

José Ángel Ruiz Jiménez profesor titular en el Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada, autor de dos libros sobre el tema: Balcanes, la herida abierta de Europa (2010); Y llegó la Barbarie. Nacionalismo y juegos de poder en la destrucción de Yugoslavia (2016).

Fuente: www.sinpermiso.info


 
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